lunes, 6 de abril de 2015
DESDE MI CALLE
CITAS ELECTORALES
Finalizados los comicios andaluces, se aproximan el resto de citas electorales, municipales, autonómicas (de ellas, las catalanas, después del verano) y, finalmente, generales. Un reguero infinito de proclamaciones de candidatos, carteles publicitarios, mítines, debates, encuestas, recuento de papeletas y pactos que nos perseguirá sin tregua a lo largo del 2015. A este respecto, la regulación que contiene la Ley Orgánica del Régimen Electoral General resulta bastante precisa y detallada. Establece que los Poderes Públicos que hayan convocado elecciones pueden realizar, durante el período electoral, una campaña de carácter institucional, destinada a informar a los ciudadanos sobre la fecha de la votación, el procedimiento para votar y los requisitos y trámite del voto por correo, pero sin influir, en ningún caso, en la orientación del voto de los electores.
Por lo tanto, se entiende por campaña electoral, a efectos de la citada Ley, el conjunto de actividades lícitas llevadas a cabo por los candidatos, partidos, federaciones, coaliciones o agrupaciones, en orden a la captación de sufragios.
Sin embargo, y pese a todo lo anterior, la realidad no deja de mostrarnos continuamente un escenario caótico en el que se mezclan precampaña, campaña y postcampaña electorales, diluyéndose hasta confundir el afán de captación de voto con el mero acto político sin tal finalidad y condenando a los ciudadanos a una interminable y, en ocasiones, bochornosa carrera de marketing. Sin haberse iniciado aún el periodo legal de campaña, ya se pueden ver por nuestras calles numerosos carteles con las caras de los candidatos, se convocan mítines de innegable discurso electoralista y se encargan encuestas de intención de voto dispuestas a ser cocinadas.
Todas y cada una de las prohibiciones reseñadas en la referida Ley Orgánica serán convenientemente neutralizadas por medio de maquinaciones, eufemismos y disfraces varios. La pretendida pulcritud de los Poderes Públicos por no influir en el electorado, la supuesta imparcialidad de los medios de comunicación, el respeto a las fechas concretas de solicitud de voto o la nítida separación entre el candidato y el cargo público que ejerce sus funciones saltarán por los aires y, como viene siendo habitual, las artimañas para alcanzar el triunfo pasarán por encima del espíritu de las leyes, procediendo a su acoso y derribo. Dicen que en el amor y en la guerra todo vale. Me temo que, para demasiados, en la política también.
DESDE MI CALLE, que sigue siendo la calle de todos
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